
Casi todas las semanas ni lo pienso. Llevo el centro, doy clase los martes y los jueves por la tarde, limpio boxes, trato con el herrador, mando unas cuantas facturas. La vida normal de quien lleva un centro ecuestre.
Y entonces llega el domingo. Los niños duermen, la cocina está en silencio y abro la hoja de cálculo.
La Hoja de las diez pestañas
Al final nuestra Hoja tenía diez pestañas. Clases, Jinetes, Caballos, Instructores, Bonos, Cobros, Pagos a instructores, Gastos, Ingresos del centro y una pestaña que se llamaba «varios», que era donde acababa todo lo que no sabía dónde meter.
Funcionaba. Quiero ser sincero: durante años funcionó de verdad. Una hoja de cálculo es la herramienta más flexible que se ha inventado para un negocio pequeño. Teníamos todas las cifras. Teníamos el cumpleaños de cada jinete. Sabíamos qué caballo se plantaba con qué niño.
Lo que se rompe de verdad
Se rompieron tres cosas, siempre en este orden:
- La memoria. Un jinete me pregunta cuántas clases le quedan del bono. Tengo que abrir la Hoja, buscar su fila, contar las marcas. El viernes por la tarde, con doce jinetes en la pista, acababa diciendo un número a ojo.
- La parte de los instructores. Tres instructores, cada uno con un porcentaje distinto, cada uno dando clases distintas. Calcular el pago de cada uno me llevaba toda la noche del domingo. Me daba pavor.
- El relevo. Cuando una amiga me sustituyó durante dos semanas, tuve que escribir un documento de seis páginas solo para explicarle cómo funcionaba la Hoja. Y aun así se equivocó.
La cuarta cosa que se rompió, y que no admití ante nadie durante mucho tiempo, fui yo. Me sentaba a la mesa de la cocina a las nueve de la noche pensando en las clases, en el dinero y en qué caballo necesitaba al veterinario, y ya era medianoche cuando me levantaba.
Lo que probamos primero
En 2025 probé seis productos distintos. Dos eran herramientas de gestión de gimnasios a las que alguien había pegado un caballo encima. Uno era para clubes de tenis y no entendía que un caballo también es un recurso que se cansa. Dos eran programas para grandes empresas que pedían 400 € al mes y dos días de implantación. Uno sí era para centros ecuestres, pero solo funcionaba en un ordenador de sobremesa, lo cual tiene su gracia si alguna vez has estado en un guadarnés.
Ninguno resolvía la noche del domingo.
Así que nos pusimos a hacerlo nosotros. Despacio. Primero para nuestro centro. La primera versión de Nose era una sola pantalla (las clases de hoy, quién ha pagado, quién no) y funcionaba en mi móvil. Eso fue en diciembre. En febrero ya la usaban dos centros vecinos.
La primera semana con Nose
La primera semana es la prueba. Si quien lleva un centro no le saca partido en la primera semana, vuelve a la Hoja. Lo hemos visto pasar con otras herramientas.
Lo que pedimos a los centros nuevos, por orden:
- Añade tus caballos. Diez minutos.
- Añade a tus instructores. Cinco minutos.
- Añade las clases de esta semana, solo esta semana. Media hora en un centro normal.
- Para. Vete a montar. Vuelve mañana.
Para el miércoles ya han vendido un bono. Para el viernes han calculado lo que hay que pagar a los instructores, algo que antes se llevaba la noche del domingo. El segundo domingo, nos cuentan, la mesa de la cocina está vacía.
Lo que cambió los domingos
Sigo haciendo las cuentas los domingos. No porque tenga que hacerlo, sino porque me gusta. Veinte minutos, con una taza de té. Repaso la semana, compruebo los pagos a los instructores (que Nose calculó el lunes) y leo lo que los jinetes han escrito en las notas.
Luego cierro el portátil y veo una película con mi marido. Ese es todo el cambio. Nada espectacular. No hay foto de antes y después.
Pero todos los propietarios de centros a los que he enseñado Nose me han dicho lo mismo, cada uno a su manera: he recuperado mis domingos por la noche.
Eso es lo que vendemos. El software es solo el medio.
~ Daniel ✌️


